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La Isla del Tesoro es una novela de aventuras escrita por Robert Louis Stevenson en 1883.

La historia cuenta las aventuras de Jim Hawkins, un joven que trabaja en una posada llamada Almirante Benbow y que un día le es revelado un misterioso mapa que dará pie para las futuras aventuras en el mar que vivirá y padecerá junto a sus amigos, el Dr. Livesey y el caballero John Trelawney.

En primera medida es menester rescatar un hecho que ha sido ampliamente reconocido y alabado por el mismo Borges: la prosa de Stevenson es inigualable. La fluidez, brillantez y feliz narrativa que el escritor escocés deja plasmada durante toda la novela es la causa principal de atrapar al lector desde la primera página. Borges, en su conocido cuento El Hacedor, indica algunos gustos que hallaremos razonables:

Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson

Estas dos últimas son gratas compañías durante una jornada de lectura. La isla del tesoro es reconocida por algunos como la mejor novela de aventuras de la historia o, por lo menos, del siglo XIX. Aunque uno sospeche su trama por otras historias similares actuales (e incluso películas), no deja de sembrar increíbles sorpresas y gratos episodios inesperados que te atrapan aún más y no te dejan abandonar el libro. Giros inesperados, personajes únicos, una trama cada vez más rica y recursiva, desenlaces llenos de aventura y emoción; todo lo anterior constituye la prosa de Stevenson en esta novela.

Los personajes principales tienen una construcción magnífica a nivel físico y psicológico, estando cada uno dotado de una esencia especial y un carácter notorio. Ahora bien, un hecho que podría parecer irrelevante para muchos, no para mí, es el lenguaje marino que está plasmado durante todo el libro. Se debe tener diccionario -o Google- a la mano para buscar las decenas de palabras de navegación marítima y jerga pirata que inundan los capítulos. Esto permite no solo orientarse geográfica sino espacialmente en la historia; además, combate especialmente nuestra ignorancia en estos temas.

El autor de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (obra que reseñé en esta entrada) nuevamente se pelea por los primeros puestos entre mis escritores favoritos junto a Albert Camus y José Saramago. ¿Es importante eso? Quizás no. Pero tengo la seguridad que es uno de los mejores escritores de la historia y uno de los maestros de un tal Jorge Luis Borges.

¡Yo-jo-jo y una botella de ron!