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Cuando a lo largo de muchos siglos las cartas escritas a puño y letra fueron una de las principales formas de comunicación entre las personas, hoy el panorama se ve diferente. Sería fatalista decir que aquel género epistolar ha muerto. En cambio, ha mutado. Entre finales del siglo XX e inicios del XXI hasta hoy, se multiplicó exponencialmente el uso del correo electrónico. Eso es un hecho innegable. Dejamos de tomar lápiz y papel para escribir un mensaje y ahora usamos nuestros dedos que picotean el teclado en una pantalla plana.

Podemos pensar en los numerosos libros que compilan conversaciones realizadas a través de cartas y en cuyas páginas antiguas develan relaciones unas idílicas y otros tortuosas; confesiones de hijos a padres; peticiones de dinero, favores, matrimonio, rupturas y despedidas. Muchas otras cartas seguramente han desaparecido para siempre en el fuego, las tijeras y la basura, y otras se han perdido en rincones desconocidos de este mundo carcomiéndose por la humedad. Cartas que bien pudieron ser novelas o crónicas han desaparecido en diversas circunstancias.

Las conversaciones en redes sociales, nuestra mensajería actual, no se salvan tampoco. Más allá de los mensajes cotidianos y simples, de intercambios de palabras cortas y emoticones simplones, algunos diálogos plasman toda su creatividad literaria y pasión, el rigor ortográfico y la composición musical. Deben ser innumerables los poemas dejados en chats que han sido eliminados, las confesiones de amor que se han perdido por daños en el celular, las narraciones extraordinarias relatadas a amigos que se han ido perdiendo bajo una capa gruesa de mensajes inmediatos, chistes tontos y memes momentáneos.

Estas formas de cartas modernas en cuyas líneas se han tallado historias y versos dignos de ser recopilados en libros, deben sucumbir también bajo este universo invisible e infinito en que vivimos a diario y nombramos internet. No serán jamás parte de un compendio de cartas, poesía completa ni novela best-seller. Están, la mayoría de ellas, destinadas a ser sepultadas por el tiempo y los datos que crecen imparables; están destinadas a ser nada igual que nuestros nombres, fotos y personalidades que ponemos en una red social.

¿Qué forma futura tomará el género epistolar? Veremos. Durante esta pandemia, sin embargo, ha sido la herramienta más poderosa para divulgar información, brindar palabras de apoyo y expresar parte de nuestros sentimientos de preocupación y desdicha a quienes más amamos y hoy tenemos lejos.

18 de mayo de 2020.