El foco amarillo ilumina este rincón
donde me escondo de todos.
Brilla como un pequeño sol,
cálido y silencioso, febril como yo.
La guitarra guarda polvo.
Afuera, el tiempo sigue danzando
mientras la noche
se viste sonora y vibra.

He labrado otro camino entre el barro
y dejado a quienes bajaron los brazos.
He aprendido.
He indagado en otras voces.
He arrancado las espinas hasta sangrar
y me he curado con hojas diversas:
verdes y suaves, letradas y vacías.

Lancé palabras de más:
algunas manos las hicieron cenizas
y se ahogaron en el horizonte.
Otras, perecieron más lento:
se maltrataron como una flor pisoteada
se disiparon como el humo matutino.
Palabras de más que hoy son rocas petrificadas
compuestas geométricamente de cristales
que dibujan la Rosa de los vientos.
He encontrado un Norte
y navego con el viento, sin mirar atrás.

Una fortaleza de libros sin leer
se erige ante mí. Impolutos y sagrados.
He construido esta muralla
cuando más indefenso me sentí.
Ahora, desde arriba de estas torres
que guardan milenios y palabras
puedo dirigir este ejército de sentires
para reparar los daños y sellar los huecos.

Estoy esperando el amanecer.
Comenzar, levantar, navegar.

28-08-19.