hdr
Editorial Punto de Lectura.

Las intermitencias de la muerte es una novela escrita por el Nobel portugués José Saramago, publicada en 2005.

La historia tiene una base argumental sencilla pero gigante y bella, la cual se puede explicar con la primer línea del libro: “al día siguiente no murió nadie”. De allí, de esta raíz fuerte y bien atada a la tierra, se desprende una enmarañada serie de circunstancias naturales y previsibles, que Saramago narra con maestría para dejarnos perplejos, y sobretodo -y es la mayor lección del libro- ponernos a reflexionar. Y a mí, grosso modo, me ha hecho plantear cuatro reflexiones principales que comentaré.

La primera reflexión

Si un día, sea donde sea y cuando sea, la gente deja de morir pero el tiempo para todos sigue transcurriendo, pensamos las consecuencias que podrían haber. Y Saramago las menciona, evidentemente. Tranquilos, no se le escapa ningún detalle. Y sabiamente las desmenuza con una claridad y pertinencia tales, que nos deja lecciones de vida. Nos hace analizar los comportamientos que tenemos como sociedad conjunta y como individuos dentro de esa sociedad, cuando estamos en un evento que nos acerca al caos y la confusión. Aparecen allí aspectos como: la falsa compasión por los enfermos, el desprecio por los ancianos, la fragilidad del magno poder que tiene la religión, el surgimiento de intereses individuales y con ello el egoísmo más vil, la ausencia de compañerismo y la sed de riqueza, la dependencia y limitación que tienen las familias menos favorecidas y el oportunismo de grupos de mafiosos, la improvisación y manipulación de nuestros gobiernos. En fin, un sinnúmero de hechos que llegan a nuestros ojos como revelaciones.

Nota sustancial: la lección moral que hay entre las páginas 82 a 84 me cambió la vida. (Editorial Punto de Lectura)

La segunda reflexión

Algo imposible de ignorar: Saramago, en el nudo de la narración, hace una disertación como solo un sabio, un erudito y un filósofo podrían hacer, sobre la inmortalidad y la muerte, la vida y el tiempo, lo efímero y lo eterno. Recuerda mucho por momentos, eso mismo que nos advertía Borges con frecuencia: la idea de ser inmortal es aterradora. Nos lleva de la mano a pensar esa partícula insignificante que somos como humanidad en este vasto universo; nos hace viajar al principio de los tiempos y el fin de todo, esas dos ideas que siempre hemos querido explicar y entenderlas, pero que nuestra limitada imaginación nos impide hacerlo con total seguridad.

Puedo resumirlo así: no es un tratado filosófico de cientos de páginas y términos infumables, sino una novela corta, fresca, divertida y relajada que plantea con seriedad y buen humor estos conceptos tan densos para la mente humana.

La tercera reflexión

Entrelazado a lo anterior, él propone algo curioso, que puede sonar gracioso pero no menos válido. Nos dice que quizá existan varias muertes y no solo una que rige el mundo. Que quizás hay una muerte para la humanidad, una para cada país, otra para los animales, otra para los vegetales, otra para los hongos, y así sucesivamente. Cada una trabajando al mismo tiempo pero con reglas distintas, ajenas las unas a la otras, cada una concentrada en su designio. Asimismo, propone la existencia de una muerte universal, una muerte mayor que sea la que algún instante dentro de la eternidad, aniquile el universo completo y todo lo habido por haber, haciendo polvo todo lo que ha sido, es y será. ¿Increíble, no?

La cuarta reflexión

Más que una reflexión, es dedicar unas líneas a la última parte del libro, donde se destacada el humor fino y suelto que Saramago imprime en los últimos capítulos. Allí, dota de sentimientos y emociones inesperadas a la muerte de aquel país donde un día todos dejaron de morir. Le asigna cosas impensables como la frustración, satisfacción, confusión, cariño, y con ello nos persuade que no es solo un esqueleto arrancando vidas con su hoz, sino algo (¿alguien?) más. Hay que leerlo para entenderlo… y reír un rato.

¿Algo malo?

Sí. Por más Saramago que sea, en mi opinión tiene algunos pasajes que se hacían innecesariamente extensos y repetitivos en varios párrafos, con descripciones que lucían meramente como relleno y no aportaban nada indispensable, información futil. En fin, nada grave, solo pequeños lunares que aún así no obnubilan ni un poco esta grandiosa obra.

Calificación: 9,5/10

4 de noviembre de 2018.

Anuncios