Se mira fija y detalladamente la mano por varios minutos. Un prolongado parpadeo. Al abrir los ojos no tiene ya una mano sino una garra untada de sangre. Un extenso parpadeo. Al abrir los ojos la garra desapareció y ahora tiene una rígida aleta de pez batiéndose. Un lánguido parpadeo. Al abrir los ojos la aleta se ha convertido en un casco ávido por correr. Un lento parpadeo. Al abrir los ojos en realidad tiene un ala inmensa rompiendo el aire. Un tranquilo parpadeo. Al abrir los ojos de nuevo, solo ve unas manos que están arrugadas, son delgadas, marcadas con pecas, surcos y algunas cicatrices, sosteniendo un grueso libro con todas las páginas en blanco.

El sujeto sigue parpadeando durante eternidades y mientras tanto nunca sabrá que aún no ha nacido y que la vida no le ha asignado una forma definida; y cuando nazca nunca recordará todos esos parpadeos previos a la existencia.

FIN

11 de junio de 2016.