Me pregunto en cuántos libros más está escrito que llueve. O cuántos idiomas tienen en su vocabulario este fenómeno celeste. O en cuántos lugares del mundo en este preciso instante también está lloviendo. Cuánta gente se está mojando (unos felices y otros disgustados), o cuantos están contemplando la lluvia caer desde un lugar seco. Cuántos ríos se están nutriendo de gotas o cuántos charcos se están formando en las ciudades o cuántos árboles están siendo rociados. Me pregunto cuánta agua le puede caber al cielo. Me imagino toda el agua del cielo cayendo a la tierra al mismo tiempo y me pregunto cuánta agua del cielo le cabría a la tierra al mismo tiempo. También pienso en cómo será la lluvia de los otros mundos del universo, cuántos seres y en cuántos lugares la verán caer. (Por ejemplo, soñar con que en algún planeta la lluvia cae a tan lenta velocidad que todos los seres la beben directamente en el aire y que las quebradas corren en la bóveda celeste y no en los suelos). Es importante preguntarse cuántos nacen, cuántos viven y cuántos mueren a causa de la lluvia. Ahora la lluvia va cesando. Ya no llueve. Quizás cuando vuelva a ver pedazos de cielo dejándose caer, broten mas preguntas.

1 de abril de 2017.