El médico Horacio Quijano, conocido en toda la provincia por ser el único doctor en kilómetros y dedicar todo su trabajo día y noche a la gente enferma de la región, era precisamente un médico muy pobre; no veía problema en atender gratis a muchas personas al verlas en tan malas condiciones de salud. Sin embargo, hacía pocos días el Ministerio de Salud le había informado que su pequeña, modesta y limitada clínica sería cerrada y su licencia médica sería revocada si no cumplía los requerimientos estipulados en nuevas leyes. Apesadumbrado, veía con ojos inciertos el futuro de su labor médica. Al releer la carta varias veces al día, pasaba por periodos de resignación, le resultaba casi imposible hacer todos los cambios exigidos, teniendo el dinero suficiente a penas para subsistir y mantener latiendo su humilde clínica.

Un domingo en la mañana, llegó un hombre caminando casi de rastras a la clínica, con la piel roja y emanando un calor descomunal. El médico Horacio Quijano le puso el termómetro de mercurio en la boca y se fue a otra sala. Al regresar, registró la temperatura en 42°C. El pobre hombre ardía en fiebre a pesar de los medicamentos antipiréticos y de los paños húmedos y fríos sobre su frente y nuca, ardía a pesar de ser invierno y estar casi desnudo tendido en una camilla del hospital San Ignacio de Loyola. El galeno, después de ir por más paños húmedos y regresar a la habitación, quedó impresionado al ver cómo su paciente se estaba consumando en llamas, derritiéndose como lava volcánica y fundiendo todo a su alrededor: sábanas, ropas, incluso la camilla y las mesitas. Una luz centelleante invadía toda la habitación y un calor infernal asfixiaba el aire. Cuando por fin terminó la ignición, entre las cenizas resultantes Horacio Quijano encontró cientos de pepitas de oro y algunos diamantes; luego, cuando retiraron las cenizas y las guardaron en un cofre, se dibujaba una imagen tallada en el piso de madera por obra del fuego, se había tallado un símbolo: la vara de Esculapio.

FIN

4 de diciembre de 2016.


Imagen de cabecera: “Hombre en llamas”, Clemente Orozco.