Una gota pernocta
sobre el silbido de la noche
se balancea con la luz
irradiada por el bosque,
tiembla, vibra
hace resonar el aire
emanando un canto suave
como la recóndita nieve.

Una mujer recita un verso
en silencio y en la oscuridad
no hay público ni poemario;
tan sólo hay una gota cargada de sal
no hay dedicatoria ni enamorado
sólo un corazón y un alma rota.

Una mirada pesada y oscura
observa todo y no espera nada
un cuerpo fino y silencioso
se mueve en forma de alborada.
Su rostro es como un signo
que siembra duda y desconfianza.

Una ciudad camina
a un paso inigualable
luces, pitos y gritos
inundan cada calle:
se va a desbordar su cauce.

Un tiempo inocuo flota
como partículas de polvo;
pasan los días y los meses
sin que el reloj se altere:
la eternidad es real de repente.

22 de octubre de 2016.

*Fotografía de cabecera: Salida Autopista Norte, Bogotá, Colombia. 6am. (Autoría propia).