Al osado y gran invasor de tierras, Eufrades, un oráculo le reveló que, por designio de los dioses, moriría en diez años, y la única clave que éste le proporcionó consistía en decirle que sucumbiría por una conquista, sin decirle cuál. Sin temer al presagio y queriendo enfrentar el destino impuesto por los dioses, Eufrades se aireó de valor y, encabezando su fiel ejército de mil hombres, conquistó sin mayores problemas sesenta y cuatro pueblos que abarcaban tres comarcas distintas, en el transcurrir de ocho años. En el último año, el noveno ya pronto a culminar para convertirse en décimo, ocurrió. Mientras todos los guerreros descansaban, a la tienda de campaña del gran invasor entró una mujer cuya belleza era suprema en la tierra y admirada en los cielos, y cuando miró a los ojos y le acarició el pecho al osado Eufrades, en medio de la penumbra, ineluctablemente lo conquistó, y éste, impávido, cayó en sueños. A la mañana siguiente, después de despertar, buscar desesperado y no hallar a la hermosa fémina, se sintió abatido. Cuando se dio cuenta tardíamente que aquél espejismo había invadido su interior con gran sigilo, robándose su corazón y yéndose sin hacer el menor ruido en su cuerpo, fue cuando vio que el designio de los dioses se haría inevitable.

FIN

Andrés Cuéllar.
10 de noviembre de 2013.